lunes, 19 de febrero de 2007

La cultura de movilidad en España

Hace unos meses compartía unas pintas con Ashley, guiri despistada procedente de la pérfida Albión, y destinada en nuestro país como profesora lectora para un grupo de alumnos recitadores del verbo to be. Mientras comentábamos lo acertado de su elección profesional (enseñar inglés a españoles debe ser una de las experiencias más terroríficas de la Creación) me expresaba su asombro ante la procedencia de sus alumnos. La mayoría de ellos residía en la misma ciudad en la que se encontraba la universidad. Como mucho, acudían desde núcleos de población cercanos.

“En Inglaterra”, comentaba con un peligroso descenso en la calidad de pronunciación de sus eses, “cuando llega la hora de marcharse a la universidad, te vas a la otra punta del país, lo más lejos posible de tus padres”. Sin quererlo, Ashley estaba apuntando a uno de los problemas que, en materia de ideas, aun afecta (aunque afortunadamente cada vez menos) a la universidad española. Porque una vez pasado el trámite de la selectividad, a la hora de elegir establecimiento educativo, se sigue tendiendo a elegir el más cercano. Si la titulación que buscas se encuentra en tu propia ciudad mucho mejor, y de no ser así, lo mejor es alejarse lo mínimo del regazo protector de mamá y papá. De este modo, se evitan problemas logísticos a la hora del envío de provisiones convenientemente congeladas y envasadas en tupperware. Eso sí, reutilizables, que no está el planeta para dispendios climáticos.

Con esta forma de pensar imperando entre los futuribles universitarios, difícilmente nos podemos plantear otro tipo de enseñanza orientada a la movilidad, al intercambio con otras instituciones universitarias, tanto dentro como fuera de ese regazo de europeidad que es la zona Schengen. Si bien experiencias como Erasmus han demostrado que la movilidad es posible, este programa resulta anecdótico dentro del panorama español, pues estos alumnos sólo suponen el 1.42 % de la población universitaria*. Si añadimos a este exiguo porcentaje otros programas de movilidad (intercambios bilaterales, programa ISEP, programa SICUE, etc.) la cifra roza el 3%. ¿Y el 97% restante? Vegeta en nuestras instituciones universitarias. Y aunque es cierto que han mejorado bastante en medios, infraestructura y calidad del profesorado desde los tiempos del Gran Dictador, queda mucho por hacer. Aun más teniendo en cuenta que Bolonia está a la vuelta de la esquina.

Mientras en España este es el enternecedor panorama, en otros países de la Vieja Europa irse de intercambio a otro país entra dentro de lo normal, e incluso de lo exigible por parte de las universidades. En Alemania, los estudiantes de económicas tienen que marcharse, con carácter obligatorio, durante un semestre a otra universidad. En Francia los estudiantes de idioma cursan un año en uno de los países de la lengua estudiada. En los países nórdicos… mejor ni comentarlo. En materia de educación, estos países juegan en otra división.

A pesar de esta visión pesimista, debo romper una lanza en favor del estudiantado español, que en muchos casos no se marcha, no ya por falta de motivación, sino por la escasez (paupérrima en ocasiones) de medios con los que abordar las estancias en el extranjero. A día de hoy, y poniendo como ejemplo de nuevo el programa Erasmus, las becas, ayudas, aportaciones y euros varios por parte de las administraciones cubren, siempre en el mejor de los casos, el 70% del coste total. Financiación que por otra parte se recibe con carácter posterior a la estancia. Se ponga como se ponga, poco optimismo podemos hallar en esta materia.

Esta sección del blog va a dedicarse a comentar los problemas relacionados con la movilidad del estudiantado (tanto nacional como fuera de nuestras fronteras). Aunque vamos a señalar los problemas generales en esta materia, nos centraremos ante todo en las deficiencias que presenta T&I a este respecto, en la oferta que encontramos a día de hoy en este campo, y en alguna que otra propuesta, así como sugerencias, para los que quieran marcharse al extranjero.

Nos vemos en dos semanas.

Oliver Carreira

*La información que aparece corresponde al curso 2004/2005. Las estadísticas al respecto pueden encontrarse aquí

6 comentarios:

oria dijo...

Todos estamos de acuerdo que aparte de las ganas o no de irse al extranjero una temporada, el que la ayuda económica sea tan escasa es lo que a muchos les decanta por no irse. Aunque en otros países tienen mayores ayudas económicas no siempre reciben dinero suficiente para afrontar la estancia. Como me explicó una chica noruega, ella ha tenido que pedir un crédito para hacer el proyecto en España. Esto es algo que los españoles ni nos planteamos. Si papá no me puede pagar el Erasmus, no voy.

Oliver Carreira dijo...

Sin duda que el tema monetario es definitivo para irse o no, pero tampoco hay voluntad de buscarse la vida para encontrarlo. Se recurre a papi y mami, pero no se piensa en trabajar, o en buscar becas o siquiera pedir un crédito a bajo interés. Un noruego pide el crédito, pero nosotros nos quedamos en casa si no nos sueltan la pasta nuestros papis

Reivaj dijo...

Total... si como nos tenemos que quedar a vivir con ellos hasta casi los 30 gracias a los precios de las viviendas, qué más da unos eurillos para un viajecito? (Pura ironía) :(

Eugenia Arrés dijo...

Hola a todos.
Pues sí que la ayuda económica es limitada, especialmente en función del país de la estancia. Sin embargo, yo quiero romper una lanza a favor de todos los que se arriesgaron y lo consiguieron sin tener que quejarse en exceso.
Soy de familia de ingresos medios y me pude permitir estudiar 2 años en el extranjero. ¿Cómo? Trabajando mis horas libres para poder pagarme los gastos diarios. Muchos dirán que para ir a trabajar no se va uno, que eso no es vivir la "auténtica experiencia Erasmus".
Pero se equivocan totalmente... Mi trabajo me permitió hacer amigos e integrarme en la comunidad que me rodeaba. ¡Y todavía tuve tiempo de viajar, salir de fiesta y sacar buenas notas!
Los españoles nos hemos acomodado (y mucho). Nos quejamos y quejamos, pero seguimos sin hacer nada para remediar nuestra situación. Y no hablo de politiqueos varios, sino de empezar por uno mismo, buscando la rentabilidad personal.
La movilidad es una inversión más que debemos tener en cuenta para el desarrollo efectivo de nuestra profesión y, como comentaba oria, deberíamos poner todos los medios posibles para disponer de esa oportunidad.
La economía está mal y el empleo es precario, pero yo siempre digo que si yo, con mis medios escasos, he sido capaz de viajar y buscarme la vida para terminar mi carrera e independizarme antes de los 25, cualquiera puede hacerlo (aunque no todos están dispuestos a sacrificarse, también es cierto).
Como bien dicen por ahí: "No pain, no gain".

Un abrazo.
Eu

Anónimo dijo...

Merec la pena irse, ya lo creo. Yo no fui, por razones de salud y además porque nací y viví 15 años en Suíza y, llamadle una mentira para no arrepentirme, pero preferí que fuesen otros que lo necesitaban y lo deseaban más.
De todos modos es cierto que la ayuda económica me da un ataque de risa... es como irse de lector al extranjero una vez que acabas la carrera. 900 euros te pagan en Francia este año...!!! Sin comentarios.

Vanessa

torsimany dijo...

Yo también provengo de una familia de ingresos medios y me habría sido económicamente inviable pasar una año en la Europa "rica" pero, como estudiantes de T&I, tenemos otras posibilidades de realizar estancias en estos países. Yo, en lugar de irme a un país como Reino Unido o Francia, elegí Rumanía y no me he arrepentido ni un solo momento. Además de vivir un año en un país que, de no ser así, dudo que hubiera conocido, he vuelto hablando rumano y con una experiencia inolvidable que espero repetir en octubre.

Podríamos abrirnos un poco más de mente y empezar a explorar esos países de la Europa del este que, además de ser mucho más baratos que nuestros vecinos occidentales, pueden añadir a nuestro currículum una lengua "exótica" que puede acabar dándonos de comer algún día. A mí, por ejemplo, ya me ha salido alguna cosilla rumano-español y, con el tiempo, supongo que me irán saliendo más.

Así que, cuando alguien os diga que "mis padres no me pueden mantener una año en Alemania", decidle que a muchos otros tampoco, pero con con un verano trabajando en serio y eligiendo un destino "exótico", una estancia Erasmus está al alcance de cualquiera.

Saludos,

torsimany