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jueves, 14 de junio de 2007

¿De donde viene y adonde va la licenciatura de T&I?

Hoy me voy a salir un poquito de tema de la historia de los estudios para ampliar los comentarios sobre los estudios de máster en TeI. Antes de nada, quería hablaros sobre el navegador Colón. Para los que no lo conocéis, recoge toda la oferta de formación de postgrado en España (tanto homologada como titulaciones propias). Aquí tenéis el vínculo, para que podáis curiosear.

Como ya adelantaba en el post anterior, ahora mismo conviven en España:

- Másters de titulación propia de las Universidades (no homologados) y Cursos de Experto de titulación propia

- Másters homologados según el Espacio Europeo de Educación Superior.

Vamos a hacer un rápido repaso a algunos de estos másters. Podemos distinguir entre dos tipos de subcategorías:

- Los másters de investigación (antiguos doctorados) que en su mayoría ya están homologados o en proceso de homologación

- Los másters profesionales (entre los que hay pocos homologados aún)

Y por otro lado:

- Los másters para personas sin formación en traducción e interpretación

- Los másters de especialización en traducción e interpretación, para gente con una base previa.

Vamos a analizar algunos casos, para poder entender con ejemplos qué tipo de máster se oferta.

Dentro de los másters de investigación (doctorado), podemos mencionar el Máster Oficial de Investigación en Traducción e Interpretación de la UGR. Es el resultado de la fusión de los dos programas de doctorado previamente existentes (Doctorado Traducción, Sociedad y Comunicación y Doctorado Procesos de Traducción e Interpretación), ambos con mención de calidad del Ministerio de Educación y Ciencia (una certificación de calidad para investigación). Tiene perfil investigador y conduce al título de Doctor por la Universidad de Granada. Es importante resaltar que en este tipo de máster NO SE ENSEÑA A TRADUCIR/INTERPRETAR. Sino que se profundiza en el estudio de teorías y métodos para la investigación en traductología, didáctica, interpretación, cognición, etc. Cuenta con profesorado de prestigio de cinco universidades nacionales y europeas (UGR, UJI, Universität de Leipzig (Alemania), UMA, UAB, la Escuela de Traductores de Toledo, la UCLM) así como la empresa SDL International. Participan profesores de prestigio internacional como Christiane Nord, de la Faschhochule Magdeburg, Gerhard Budin, de la Universidad de Viena o Dorothy Kelly de la UGR, por citar solo algunos nombres conocidos. Se ofrecen entre 30 y 40 plazas al año y la selección es por méritos académicos y profesionales. Aquí tenéis el enlace:

Otro máster de reciente homologación y con algunos años de tradición, es el Máster en Traducción Médica de la UJI. Está dirigido por Vincent Montalt (tuve ocasión de estar unas charlas que dio este profesor en la UGR y me encantaron). Este máster se imparte a distancia. No va dirigido únicamente a licenciados en TeI, sino también a personas en posesión del título de grado o licenciatura en Filología, o en Medicina, Farmacia, Biología, Enfermería y otras ciencias afines, y que tengan un nivel avanzado en las dos lenguas de trabajo: inglés y español. En este caso, no me queda del todo claro, si tras la homologación, este máster es más bien de tipo investigador o de tipo profesional y al consultar el programa, veo que incluye contenidos en ambas direcciones. Al ser el acceso más abierto para gente de perfiles que no son específicamente de traducción, entiendo que aquí SÍ ENSEÑAN A TRADUCIR.

Otro modelo de máster, serían los Master en Traducción y Localización Inglesa de la URV y el Máster en tradumática, localización y traducción audiovisual de la UAX. En ambos casos se trata de másters de claro corte profesional. Aún están en proceso de hologación. Estos másters suelen ir dirigidos a personas que ya tienen una base de traducción y que lo que pretenden es ahondar en competencias más específicas (informáticas, de gestión de proyectos, etc.).

Aquí he seleccionado algunos ejemplos de máster, aunque hay muchos más. Quería dar una serie de orientaciones a la hora de elegir un máster. Se debe tener en cuenta:

  • Si es oficial/homologado o es titulación propia: no tiene relevancia en cuanto a la calidad de la formación, pero sí en cuanto al reconocimiento.
  • Si es homologado, el precio del crédito tenderá a ser más barato que si es un máster o curso de experto no homologado.
  • Quién organiza el máster. Quién participa. Quién da clase. Es muy importante para poder analizar la calidad de la formación.
  • Si está diseñado para enseñar a traducir o competencias específicas o si está diseñado para investigar sobre la traducción.
  • Si va dirigido a gente con una base de traducción o a gente que quiere aprender a traducir desde cero o casi cero.
  • Comprobar valoraciones de antiguos alumnos o alumnos presentes en google.
  • Comprobar prestigio. Así, por ejemplo, un máster como el de Limerick de Localización, avalado por LISA (Localization Industry Standards Association) o un máster de eseñanza de español para extranjeros, avalado por el Instituto Cervantes, o un máster en Interpretación avalado por la red EMCI de la Unión Europea, siempre tendrán garantías de reconocimiento.

Saludos a todos

ECE

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viernes, 30 de marzo de 2007

¿De dónde viene y a dónde va la licenciatura en Traducción e Interpretación? (II)

Bueno, este post es continuación del primero que se publicó hace un par de semanas, en el que hacemos un repaso general de la evolución de la carrera, desde sus inicios, hasta el proceso de Bolonia, con todo lo que podrá implicar en el futuro.

Para refrescaros la memoria, en el último post nos quedamos en que a principios de los 90 se aprueba por fin el plan de estudios de la carrera y la carrera se consolida. En la década de los 90, nuestra carrera, que prácticamente era desconocida (aún hoy nos confunden con "¡ah! esos estudios para ser actriz, ¿no?”), empezó a experimentar un auge en la demanda de acceso. ¿Qué significa esto? Pues que muchos estudiantes se decidían por TeI al terminar la secundaria, con el resultado de que mucha gente no podía acceder, ya que no había, ni hay aún hoy, plazas para todos los que se sienten llamados por esta carrera.

Así, en el plazo de 15 años, se pasó de menos de 10 facultades públicas y privadas a un total de 25 que tenemos en la actualidad (¡¡unos 1500 licenciados por año!! y la cifra sigue creciendo). La evolución es probablemente la más intensa entre todas las carreras. Lo que antes era una carrera minoritaria, ahora ya no es tal. No obstante, el acceso a los estudios sigue siendo restringido, como sabemos, porque en algunos centros se lleva a cabo una criba por nivel de lengua, mientras que en otros, se entra por nota de corte de secundaria. Actualmente, la carrera de TeI, debido al sistema de numerus clausus (oferta vs. demanda), da los máximos de corte casi todos los años en alguna universidad, con un perfil de estudiantado de alto rendimiento, que accede a la carrera con notas de no menos de 8. (¿Cuánta gente se puede estar quedando fuera?!)

Uno de los motivos por los que la carrera tiene tanta demanda, es por que la gente se la imagina como una formación aplicada a las necesidades de la sociedad y del mercado de trabajo, es decir, porque tiene un enfoque práctico, porque nos enseña un oficio real y fácilmente identificable: el de traductor y/o intérprete. La gente se siente atraída por TeI frente a la opción de las filologías porque asocian las filologías con la única salida profesional de la docencia y con contenidos más teóricos o abstractos (no quiere decir que esto sea realmente así, pero en una encuesta realizada en 2005, vimos que eso es una creencia asentada). La carrera de TeI les parece más "moderna", por ponerlo de algún modo. Lo cierto es que, clichés aparte, la formación sí proporciona al licenciado una serie de capacidades que facilitarán su inserción laboral. La carrera tiene unos índices de inserción más que alentadores, ya que se encuentra entre las que tienen una mayor proporción de licenciados empleados poco tiempo después de terminar los estudios (esto se desprende de diversos estudios de seguimiento de licenciados, de varias universidades). Ahora bien: no todo el mundo conseguirá ser traductor y/o intérprete, porque la proliferación de centros de TeI ha dado lugar a un proceso de saturación en el mercado. Es decir: la carrera responde a la demanda de acceso, pero parece que no tanto a la demanda de especialistas que hace el mercado. Así funciona la universidad española, en otras carreras también: periodismo es un clarísimo ejemplo de esta falta de previsión. Esta lectura negativa, no lo es tanto en nuestro caso, si tenemos en cuenta que los principales elementos de la formación que recibimos (idiomas, tecnología-informática, movilidad, autonomía de trabajo y trabajo en equipo por igual, capacidad de familiarizarse con nuevos temas de forma rápida –documentación, procesamiento de información- (capacidad de aprender rápido), etc.) coincide casi punto por punto con lo que las empresas buscan. Es decir, con una perspectiva flexible del futuro profesional, los estudiantes sí siguen teniendo buenas bazas de encontrar buenos empleos en los que poner en práctica sus capacidades (comercio exterior, relaciones internacionales, etc., además de traducción/interpretación, localización, docencia, etc.).

En fin, volviendo al plano “histórico-analítico”, esta época de consolidación (90’s) y, en cierto modo, "auge" de los estudios de TeI, coincide en el tiempo con lo que se ha venido a llamar la “crisis de las filologías”. Esta supuesta crisis tiene que ver con la idea de "rentabilidad" aplicada al sistema universitario. Resulta que para los administradores de la educación, si la carrera no se masifica, no es rentable. A mi esta idea me espanta bastante. Por eso proliferan ahora las facultades en TeI, porque la gente las solicita, pero no necesariamente porque lo requiera la sociedad. De hecho, mucha gente las solicita para manejar los idiomas de forma práctica, en el mundo de la empresa, pero no necesariamente para ser traductor o intérprete. Creo que el problema no es si las filologías deben o no deben subsistir, sino que probablemente sea necesaria una diversificación de la oferta de carreras en las que los idiomas juegan un papel importante. Personalmente, echo de menos, y creo que el mercado también, que hubiera títulos del estilo de Lenguas Aplicadas o Comercio Exterior (empresariales con enfoque de internacionalización de la empresa + idiomas). Y me parece ridículo plantearse la desaparición de las filologías, porque no se debe olvidar que si desaparecen, solo quedaríamos tres tipos de profesional con lenguas: traductores/intérpretes, maestros de inglés o francés para primaria y diplomados en turismo. De ser así, nos quedaríamos sin especialistas en la docencia de lenguas universitaria y sin prácticamente ningún especialista en otras lenguas que no fueran inglés y francés (alemán, italiano, ruso, árabe!!, chino!!, etc…). Bueno, es probable que haya que modernizar o reenfocar o mejorar las filologías, pero no creo que la solución sea eliminarlas, porque no tengan tanta demanda de estudiantes.

En el próximo post me gustaría seguir tratando otros aspectos sobre la situación actual de la carrera y recibir comentarios vuestros sobre aspectos generales positivos y negativos que detectéis (no específicos de un centro, sino de los estudios en general). Una vez cerremos este capítulo, pasaremos a analizar entre todos qué pasará con los estudios en el proceso de Bolonia.

¡Saludos!

Elisa Calvo

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viernes, 16 de marzo de 2007

De donde viene y a donde va la licenciatura de T&I

Siendo este un primer post, lo suyo es comenzar repasando los orígenes de la carrera, para que aquell@s que estés interesad@s, podáis saber quiénes somos y de dónde venimos.

La traducción, como apunta Kelly (2000), es el segundo oficio más antiguo del mundo (no os será difícil recordar cuál suele identificarse como el primero). Pero su entrada en la Universidad española, por la puerta pequeña, no tuvo lugar hasta los años 70 del siglo pasado. Fue en 1973 cuando la UAB abrió la primera Escuela Universitaria de Traductores e Intérpretes, que ofrecía una diplomatura de tres años. Esta titulación es el germen de la actual licenciatura. Justo un año después, en 1974, se creó el Instituto de Traductores en la Universidad Complutense de Madrid, que ofrecía también estudios, aunque con una fuerte orientación filológica, y en el nivel del postgrado (es decir, tipo máster). En la misma década, la UGR ofrece la diplomatura (1979) integrando por primera vez la interpretación y, ya casi diez años más tarde, la Universidad de Las Palmas (1988) hace lo propio. (Me documento en distintas fuentes para contaros todo esto (Kelly, Mayoral, Mata Pastor, etc.) porque yo aún no había nacido o andaba en pañales). En esta fase de la historia de nuestra carrera, los estudios de TeI eran bastante diferentes de los que seguimos ahora:

· Profesorado: compuesto por expertos de filología, con mucha experiencia y/o interés en el mundo de la traducción, pero aún sin formación específica en TeI (ya que no existía), y/o por profesorado formado en escuelas específicas de TeI en el extranjero. Se puede decir que este profesorado se distinguió desde el principio por: defender la independencia de nuestros estudios de otras áreas más tradicionales como la filología o las humanidades; desarrollar trabajos que ayudaron a consolidar nuestra área; estudiar, hacer suyas y desarrollar las corrientes de pensamiento, investigación y docencia existentes en Traducción e Interpretación y, así, conseguir posicionar y consolidar los estudios. Tenían fuerte influencia de otros centros de TeI en el extranjero y aportaron nuevas ideas y sus ganas de trabajar mucho. Muchos de los que empezaron entonces constituyen actualmente el cuerpo de expertos en TeI que hay en nuestro país y, como contaremos en otros posts, no lo tuvieron del todo fácil.

· Contenidos: en los inicios, aún fuertemente influidos por las filologías, centraban las clases de traducción en estilística comparada y gramática contrastiva, ejercicios que hoy en día prácticamente han desaparecido de la práctica en clase en casi todos los centros. Las prácticas de traducción estaban aún muy ligadas a lo que se denomina "traducción pedagógica", es decir, la que se realiza con el fin de profundizar en el conocimiento de la lengua, pero no para aprender a traducir como se hace en una situación de trabajo real. La optatividad y libre configuración se realizaba en su mayor parte en las facultades de filología o afines y la carrera no era tan multidisciplinar. La poca duración de los estudios no permitía concentrarse en dos lenguas extranjeras, sino más bien en solo una, etc.

· Los diplomados: no podían acceder a Organismos Internacionales porque su título no era equiparable a los de cuatro o cinco años existentes en el resto de Europa.

· Los alumnos: la carrera era muy minoritaria, siempre se accedía por examen de entrada, basado en pruebas de nivel, como aún se hace en algunas facultades. Buena parte del estudiantado tenía un perfil que podemos considerar "bilingüe" (con familias de dos nacionalidades, o hijos de inmigrantes que había pasado buena parte de su vida en otros países), había más estudiantes de más edad (no recién salidos de secundaria, como suele suceder ahora) y la carrera distaba mucho de estar tan extendida y de tener el grado de acceso que tiene hoy en día. En aquella época, las notas de acceso no tenían tanta importancia, sino más bien el nivel de lengua.

· En 1991 se aprobó la conversión de la Diplomatura a la Licenciatura, gracias al enorme trabajo de los pioneros de la carrera y también a varios factores circunstanciales: la entrada de España en la UE hacía creer que se necesitarían más traductores e intérpretes y el reconocimiento (de buena o mala gana) por parte de las autoridades de la necesidad de diversificar los títulos que incluyeran las lenguas, introduciendo una perspectiva más moderna y aplicada a la práctica profesional.

Así, con la aprobación del primer plan de estudios de la Licenciatura, se consiguió que la carrera pudiera tener por fin independencia de otras áreas, con la creación y consolidación en las primeras universidades de los departamentos de Traducción, y se dio paso a la “adolescencia” de nuestros estudios, que, si os interesa, comentaremos en el próximo post.

Un saludo

Elisa Calvo

Para más info:

Kelly, D. [ed] (2000) La traducción y la interpretación en España hoy: perspectivas profesionales, Granada: Comares.

Mayoral Asensio, R., "Aspectos curriculares de la enseñanza de la traducción e interpretación en España," Aproximaciones a la traducción, 2000. En:

http://cvc.cervantes.es/obref/aproximaciones/mayoral.htm

Mata Pastor, M. “La formación de traductores en España: cuando no hay pan”. La linterna del traductor. vol. 2 (2002), pp. 19-27. http://traduccion.rediris.es/linterna2.pdf


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